Cambios para una casa divertida

9 January 2008

La llegada de un niño a la casa lo cambia todo, desde las horas de sueño, las horas de desayuno, las medidas de seguridad y hasta  la comida. Siempre la llegada de un bebé nos cambia la vida y debemos estar acordes a la situación.

 

Mi casa en Madrid es relativamente grande y bastante cómoda, con espacios suficientes para mantener la independencia y tranquilidad de los huéspedes, pero no había estado preparada para la llegada de un nuevo residente, el más lindo y esperado por todos. Su llegada no solo nos cambiaba la vida como dije antes, sino que además  requería unos cambios urgentes en la casa: debíamos preparar su dormitorio, lo que incluía pintarlo y  decorarlo con temáticas de bebes, poner mayor seguridad en puertas y ventanas, asegurar todos los enchufes de la casas para no correr el peligro de que el niño vaya a introducir uno de sus deditos por casualidad y recibir una  temida descarga; debíamos  deshacernos de nuestro querido perro ya que un bebé no admite mascotas por el peligro que le contagie algunos gérmenes que por más limpio que el perro ande, siempre lleva a cuestas; debíamos  ponerle seguros  mas altos alas puertas de los baños y del sótano para evitar accidentes, debíamos volver a decorar toda la casa para quitar  adornos  muy delicados o muy peligrosos para cuando el niño sea más grande, también debíamos comprar esos juegos  que se ponen el los patios para que  ya un poco más grandecito, se columpie e invite a sus amigos a venir a jugar  a la casa.

 

Había muchos pendientes por hacer que aún podían esperar porque el niño  todavía ni nacía, pero la ansiedad y la alegría por verlo todo decorado y arreglado para la llegada de un niño nos embarga por completo. Queríamos que la casa fuera perfecta, que todo lo necesario estuviera a la mano siempre, que tengamos  las medidas de seguridad correctas, los seguros correctos,  y hasta los colores correctos de la habitación. Nos ilusionaba mucho la sola idea de cerrar los ojos e imaginar al niño correteando por los pasillos, bajando por las escaleras a velocidad y rogándonos para que le compremos un perro.

 

Con tantos anhelos, nos dimos cuenta que a la casa le faltaba mucho para ser lo que queríamos que fuera, debíamos trabajar duro o en todo caso hacer trabajar mucho a quienes contratemos para que  nuestra casa cumpla con todos los requisitos en el tiempo determinado. Por ahora, el niño corría muchos riesgos de estar viviendo ya con nosotros y tener algo de seis años.

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